El problema no es que no sepas poner límites.
Es que acabas traicionándolos.
¿Cuántas veces has dicho que sí cuando querías decir que no?
Te comprometes. Ayudas. Cumples con todo…
Y luego te sientes agotad@. O enfadad@. Incluso contigo mism@.
No porque no quieras estar para los demás.
Sino porque no sabes cómo estar también para ti.
Aprender a poner límites no es volverte egoísta.
Es aprender a cuidar de ti sin dejar de cuidar a los demás.
Si esto se repite en tu vida…
quizás no necesitas seguir esforzándote más.
Quizás necesitas aprender a decir “hasta aquí”.